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En Otoño, vuelve la peseta.

En naranjas ecológicas Biovalle, al igual que ocurre en otras muchas explotaciones y cultivos, no acabamos de echar del todo de menos la peseta. Sin duda reconocemos que la peseta nos gustaba mucho más que el actual y tremendamente especulativo Euro. Nos siguen gustando mas los “20 uros” que los modernos “euros”. Las 100 pesetas (20 duros) cundían mucho más a la hora de comprar y vivir, que los 60 céntimos de euro actuales, y si me apuras incluso hasta más que 1 €.

La llegada del euro supuso el redondeo al alza, demasiado al alza podemos decir, el blanqueo de dinero a espuertas, la unificación de mercados económicos que tanto interesaba a la economía especulativa y a las transnacionales, y supuso un empuje a la deslocalización europea de los procesos de fabricación, llevándolos a regiones del mundo explotadas y empobrecidas, lo que permitía y permite fabricar con salarios bajísimos para vender a precios altos.

Al trabajador a sueldo, en cambio, se le ajustó al céntimo su salario, haciendo un cambio exacto de pesetas a euros: 100.000 ptas = 600 €. El truco de prestidigitación estaba hecho, tú ganabas lo mismo que antes pero en una sociedad en la que todo se había incrementado hasta incluso un 50 %. O sea que con un simple cambio de moneda se había conseguido empobrecer a la mayoría. Tchan, magia potagia.

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100 pesetas de la última época, cuando los 20 duros existían como moneda y no como billete.

Sin embargo en el campo andaluz nunca se abandonó la peseta. La peseta utilizada también como el euro, para perpetrar un robo sin igual a los agricultores y ganaderos en este caso. En el campo andaluz, imaginamos también que en el resto del estado español, los empresario y corredores de la gran distribución suelen comprar el género en pesetas, porque a nivel cuantitativo cunden más 25 pesetas que 15 céntimos. Cuando te ofrecen 25 en lugar de 15, parece que es muchísimo más. En cambio, cuando la gran distribución vende al público, lo hace en céntimos o euros, y como mucho en la letra pequeña se indica el precio en pesetas. En este caso, 60 céntimos parecen menos que 100 pesetas para el comprador habitual.

Y ahora que se acerca la temporada de naranjas ecológicas, y que desde Biovalle aún tenemos que vender una parte importante de nuestra producción al por mayor, sabemos que pronto volverá a nuestra vida la querida peseta, no lo hará para quedarse, ni traerá consigo los precios de antaño, ni las ventajas que pudiera tener entonces, simplemente será un instrumento y una artimaña para intentar hacernos creer que nos compran nuestras naranjas ecológicas a un precio mucho más alto que al que realmente lo hacen.

En otoño vuelve la peseta a Biovalle, y nosotros apostamos con más fuerza y energía por comercializar directamente nuestras producciones, a través de la venta online, la venta directa, los canales cortos de comercialización, y la cooperación con otros productores y con asociaciones de consumidores.

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Naranjas ecológicas cadeneras aún madurando. La venta en canales cortos de comercialización de esta y otras variedades de naranjas y cítricos es la base de nuestro proyecto.

En naranjas ecológicas Biovalle no nos disgusta la peseta, pero utilizada en un mundo de pesetas, y no como un instrumento para el despiste, o, llamémosle lo que es en la actualidad, una herramienta de coerción y engaño.