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Cuando el tamaño sí importa. O el porqué del calibre de las navelinas esta temporada.

La especie humana lleva siglos debatiendo sobre la importancia del tamaño. Y no sólo de las zanahorias, los rábanos u otras raíces más invernales como los nabos, también sobre las casas, los coches, los ríos. Realmente ¿es importante el tamaño de las naranjas o las manzanas? ¿Entra más por los ojos un puerro grande que uno pequeño?

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El tamaño siempre ha estado presente en los asuntos humanos. Como en este cuento popular ruso para niños recopilado por primera vez en el siglo XIX por Aleksei Tolstoy.

El refranero popular, tan sabio, se ha decantado en ocasiones por lo mayor, sin ningún género de duda: “Burro grande, ande o no ande”.

Evidentemente todos tenemos una idea de lo que es normal y de lo que es desproporcionado. Generalmente estas ideas dependen de las experiencias previas y de lo aprendido a lo largo de la vida. Lo grande aquí puede ser pequeño allí, o incluso lo pequeño ahora puede ser grande dentro de un tiempo. O ser grande para mí lo que realmente es pequeño para los demás (suele ocurrirme muy a menudo).

En Biovalle hemos experimentado este año un aumento generalizado del calibre de nuestras naranjas navelinas. Como sois muchos los que nos habéis preguntado y pedido respuestas, hemos decidido explicar las causas para todos en nuestro blog. Simplificando mucho:

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Navelinas de gran tamaño aún en sin recolectar. La mano no puede abarcar totalmente su diámetro.

-Todos los años aguantamos estas naranjas muchísimo tiempo en los árboles para que lleguen hasta marzo, ya que os gustan mucho, y eso hace que los árboles estén un poco más débiles por descansar poco.

-Además en 2014 tuvimos temperaturas altísimas, rondando los 40oC, en abril que provocaron la destrucción de la primera floración de esta variedad, que ya venía un poco tardía.

-El estado de los árboles, más débiles, dificultó que hubiese una segunda floración buena.

-Esto hizo que la producción de navelinas se redujese para nosotros en un 60% aproximadamente.

-Y lo peor es que las naranjas que quedaron en los árboles, muy pocas en comparación con un año normal, crecieron de una forma descompensada, con más nutrientes para muchas menos naranjas.

Ante esta situación, esta campaña venderemos un 25-30% de las naranjas navelinas que comercializamos el año pasado.

El sabor y sus propiedades siguen siendo las de siempre. Nuestros clientes pueden comprar naranjas ecológicas navelinas de Biovalle tan ricas como las de otros años, pero en general más grandes.

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Se puede observar como los frutos destacan sobre los árboles por su gran tamaño.

Para las demás variedades que comercializaremos en breve (salustianas y cadeneras), apenas se notan cambios de tamaño respecto a campañas anteriores.

Os agradecemos a todos vuestro apoyo y comprensión. Evidentemente un producto ecológico fresco no tiene necesariamente que ser un producto homogéneo y casi clonado, idéntico entre sí (manzanas que parecen fotocopiadas), pero debemos explicar este tipo de incidencias y sus causas a todos lo que con vuestras acciones de consumo apoyáis a los pequeños productores, y apostáis por un mundo más justo y ecológico.

En lo que queda de campaña de navelinas no quedará más remedio, a los que tanto os gusta esta variedad, que modificar ligeramente el sabio refranero español e incluir lo de “Navelina grande …”.

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¿Cultivar para los mercados o para las personas?

Ahora que en Biovalle, y en todo Palma del Río (Córdoba), está comenzando la campaña citrícola, vuelven los viejos fantasmas de cada temporada.

Por parte del agricultor viene existiendo desde hace años una desesperanza generalizada que actúa como una especie de velo sobre lo que ocurre cada campaña. El agricultor ya no espera nada, a lo más que aspira es a que al menos las cosas no empeoren. Mientras criaba la cosecha si se permitió pensar, en algunas ocasiones, que “alguien iba a hacer algo” y que algún año “tenían que cambiar las cosas”. Pero al final, año tras año, las cosas no dejan de empeorar.

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En Otoño, vuelve la peseta.

En naranjas ecológicas Biovalle, al igual que ocurre en otras muchas explotaciones y cultivos, no acabamos de echar del todo de menos la peseta. Sin duda reconocemos que la peseta nos gustaba mucho más que el actual y tremendamente especulativo Euro. Nos siguen gustando mas los “20 uros” que los modernos “euros”. Las 100 pesetas (20 duros) cundían mucho más a la hora de comprar y vivir, que los 60 céntimos de euro actuales, y si me apuras incluso hasta más que 1 €.

La llegada del euro supuso el redondeo al alza, demasiado al alza podemos decir, el blanqueo de dinero a espuertas, la unificación de mercados económicos que tanto interesaba a la economía especulativa y a las transnacionales, y supuso un empuje a la deslocalización europea de los procesos de fabricación, llevándolos a regiones del mundo explotadas y empobrecidas, lo que permitía y permite fabricar con salarios bajísimos para vender a precios altos.

Al trabajador a sueldo, en cambio, se le ajustó al céntimo su salario, haciendo un cambio exacto de pesetas a euros: 100.000 ptas = 600 €. El truco de prestidigitación estaba hecho, tú ganabas lo mismo que antes pero en una sociedad en la que todo se había incrementado hasta incluso un 50 %. O sea que con un simple cambio de moneda se había conseguido empobrecer a la mayoría. Tchan, magia potagia.

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100 pesetas de la última época, cuando los 20 duros existían como moneda y no como billete.

Sin embargo en el campo andaluz nunca se abandonó la peseta. La peseta utilizada también como el euro, para perpetrar un robo sin igual a los agricultores y ganaderos en este caso. En el campo andaluz, imaginamos también que en el resto del estado español, los empresario y corredores de la gran distribución suelen comprar el género en pesetas, porque a nivel cuantitativo cunden más 25 pesetas que 15 céntimos. Cuando te ofrecen 25 en lugar de 15, parece que es muchísimo más. En cambio, cuando la gran distribución vende al público, lo hace en céntimos o euros, y como mucho en la letra pequeña se indica el precio en pesetas. En este caso, 60 céntimos parecen menos que 100 pesetas para el comprador habitual.

Y ahora que se acerca la temporada de naranjas ecológicas, y que desde Biovalle aún tenemos que vender una parte importante de nuestra producción al por mayor, sabemos que pronto volverá a nuestra vida la querida peseta, no lo hará para quedarse, ni traerá consigo los precios de antaño, ni las ventajas que pudiera tener entonces, simplemente será un instrumento y una artimaña para intentar hacernos creer que nos compran nuestras naranjas ecológicas a un precio mucho más alto que al que realmente lo hacen.

En otoño vuelve la peseta a Biovalle, y nosotros apostamos con más fuerza y energía por comercializar directamente nuestras producciones, a través de la venta online, la venta directa, los canales cortos de comercialización, y la cooperación con otros productores y con asociaciones de consumidores.

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Naranjas ecológicas cadeneras aún madurando. La venta en canales cortos de comercialización de esta y otras variedades de naranjas y cítricos es la base de nuestro proyecto.

En naranjas ecológicas Biovalle no nos disgusta la peseta, pero utilizada en un mundo de pesetas, y no como un instrumento para el despiste, o, llamémosle lo que es en la actualidad, una herramienta de coerción y engaño.